Los niveles de radiación en el agua estancada son 100.000 veces superiores a los normales
La radiactividad en Fukushima ha ido aumentando día a día, pero la cifra que se alcanzó fue tan estratosférica que hizo sonar todas las alarmas, si es que quedaba alguna por sonar. La Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco) anunció a mediodía que el agua estancada en el reactor 2 contenía una radiación 10 millones de veces superior a la habitual. La cantidad era tan escandalosa que la compañía reconoció que el núcleo del reactor está dañado. Todos los operarios fueron evacuados de inmediato y el reactor abandonado a su suerte. Sin embargo, poco después Tepco rectificó esa cifra: "Hemos confundido en las mediciones el yodo-134 con el cobalto-56", indicó Sakae Muto, vicepresidente de la empresa. Según el análisis mostrado por Tepco, los niveles de radiación son 100.000 veces superiores a los normales, lo que sigue siendo muy alarmante. Significa que el agua en el sótano del edificio de turbinas del reactor 2 irradia más de 1.000 milisieverts por hora. Exponerse a un ambiente con esa concentración durante cuatro horas provoca en una persona adulta un descenso repentino de glóbulos blancos en apenas 30 minutos más, y la mitad de los expuestos mueren en 30 días, según datos facilitados por la agencia Kyodo. El portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón (ASNJ), Hideshiko Nishiyama, se limitó a admitir que se trata de un volumen de radiactividad "muy alto".
"Imposible trabajar alli"
"Es virtualmente imposible trabajar, sólo se puede estar allí durante unos minutos. Es imposible saber cuánto tiempo necesitarán para retomar el control", exclama Robert Finck, especialista de la Autoridad Sueca de Seguridad Radiológica. "La situación es grave. Tienen que bombear hacia el exterior toda el agua estancada para librarse de la radiación", precisa Finck. El aumento de la radiación en la central nuclear coincidió con un nuevo récord en la concentración de partículas de yodo-131 en el agua marina. La muestra recogida fue 1.850 veces superior al límite legal (el viernes fue de 1.250). El portavoz de la ASNJ insistió en que eso no cambia los argumentos del día anterior, es decir, que el yodo se diluirá y se degradará en cuestión de días y que se precisaría una cantidad muy superior para contaminar las algas y la vida marina. Sin embargo, sí reconoció que la escalada de radiación podría significar que hay una fuga continuada de isótopos. Según la televisión estatal NHK, las partículas liberadas en las últimas filtraciones contienen los mismos isótopos de yodo y de cesio que se producen en las reacciones de fisión nuclear, lo que indicaría que proceden del interior del núcleo del reactor 2. Alarmado, el portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, instó a Tepco a que aclare de inmediato el origen de las filtraciones, mientras una encuesta revelaba que el 58% de los japoneses no aprueba la gestión de la crisis que está haciendo el Gobierno. Aunque en Tokio sigue reinando la calma y sólo se palpa el miedo en la compra compulsiva de agua embotellada, los japoneses empiezan a perder la paciencia al comprobar que la situación se agrava cada día.
Tepco ocultó información
Aún así, el foco de sus críticas es la empresa propietaria. El sábado se supo que Tepco conocía los altos niveles de radiactividad en el agua del reactor 3, pero ocultó el dato a los tres operarios que sufrieron quemaduras graves el jueves. Con el agua hasta los tobillos, los tres continuaron su tarea cuando los dosímetros hicieron sonar la alarma, porque pensaron que estaban estropeados. Expusieron sus cuerpos a entre 2.000 y 6.000 milisieverts, niveles que pueden resultar fatales. Mientras, se siguen arrojando toneladas de agua destilada para refrigerar los reactores. Los números 1, 2 y 3 son los más irradiados.
Fuente: http://www.publico.es/internacional/368367/la-elevada-radiactividad-obliga-a-evacuar-el-reactor-2-de-fukushima
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lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
La energía en Canarias: escrita en el viento
Nuevas líneas, implantación del gas, centrales hidroeólicas y más aerogeneradores, retos del sector para la década _______________________________________________________ domingo 06 de marzo de 2011 VICENTE PÉREZ SANTA CRUZ DE TENERIFE Los apagones habidos en Canarias, sobre todo en Tenerife, en los últimos años mostraron la vulnerabilidad del sistema eléctrico. Infraestructuras (líneas y centrales) planificadas pero no construidas y un desarrollo muy lento de las fuentes de energía limpias (viento y sol) son la piedra de toque de un debate en el que está en juego un servicio esencial para la economía y la sociedad. Los expertos y cargos públicos consultados por este diario coinciden en la necesidad de impulsar la energía eólica y de que se construyan plantas hidroeólicas (en las que con aerogeneradores se impulsa el agua del mar hasta un embalse para luego liberarla y generar electricidad). Y, también, todos abogan por introducir el gas natural, para que las centrales, que ahora utilizan solo gasoil, usen un combustible menos contaminante, así como por terminar las líneas de alta tensión previstas. Resolver el problema de las centrales y su ubicación es uno de los retos pendientes. En Tenerife, el Ayuntamiento de Candelaria quiere sacar de Caletillas la planta de Endesa, por la contaminación que genera. Pero el viceconsejero de Industria, Juan Pedro Sánchez, recuerda que se ha eliminado de la Ley de Directrices la obligación de suprimir esta central, y la de Jinámar, en Gran Canaria. El director general de Endesa en Canarias, Pablo Casado, acepta buscar una nueva ubicación a la planta de Caletillas, pero tramitar el proyecto de una nueva con todas las autorizaciones y ejecutarlo llevaría entre 8 y 10 años, por lo que plantea que, entretanto, se construya otra en el mismo sitio pero de ciclo combinado, para que usara gas, menos contaminante. Pero para que llegue el gas es necesario, según el Gobierno canario, que se construya el polémico puerto de Granadilla (queda pendiente de resolver el fondo de un recurso judicial presentado por Ben Magec) donde se ubicará la regasificadora, unas obras que, según el viceconsejero, “continúan” . El responsable de Endesa advierte del riesgo que supone el desequilibrio entre las dos centrales de la Isla, pues en Caletillas se genera 20% de la energía consumida y en Granadilla, el 80% restante, a pesar de que el mayor consumo está en el área metropolitana. En Fuerteventura también hay problemas para consensuar el emplazamiento de una nueva central. La implantación de las energías limpias es otra asignatura pendiente. La fuerza del viento puede dar aún mucho más. Sánchez admite que “hay un retraso en la construcción de infraestructuras, tanto en cuestión de centrales como los parques eólicos, y el principal motivo es el trámite de la declaración de impacto ambiental, que suele tardar mucho tiempo, porque tenemos un gran porcentaje del territorio protegido”. El Gobierno canario, tras muchos recursos y hasta denuncias por la vía penal, al final adjudicó el concurso de nueva potencia eólica, 440 megavatios, y ya todos los parques de aerogeneradores están en el trámite de su autorización ambiental. Dentro de unos años, antes de 2015, se convocará otro concurso para alcanzar los 1.025 megawatios. Manuel Cendagorta, gerente del Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) -organismo del Cabido de Tenerife- afirma que “estos retrasos no deben sorprender, se sabía que iba a pasar así, porque con los nuevos parques hay que retocar las líneas y Red Eléctrica -empresa gestora de la red- tiene que hacer dos nuevas subestaciones, y todo eso tarda un par de años, y más cuando son demasiadas Administraciones Públicas opinando y con una legislación canaria más restrictiva que la nacional”. Por su parte, Benicio Alonso, exconsejero de Industria, consultor e ingeniero técnico industrial, sostiene que la energía eólica es la única que se puede implantar a gran escala, por su coste, y lamenta el retraso en su implantación “por problemas burocráticos y denuncias”. Una de las novedades del sistema eléctrico canario serán las centrales de bombeo-turbinación o hidroeólicas, como la que se instalará en El Hierro. El director general de Endesa en Canarias, Pablo Casado, afirma que esta compañía apuesta por impulsar de forma decidida las energías renovables, y de ahí la presencia de esta multinacional en el proyecto herreño y se presentará también al concurso convocado por el Cabildo grancanario. El Gobierno regional considera que el modelo de El Hierro debe aplicarse a otras islas. Así, según el viceconsejero, en La Palma se prevén tres centrales hidroeólicas (dos de ellas ya en tramitación); en La Gomera, dos; en Gran Canaria, en las presas de Chira, Soria y Las Niñas; y en Tenerife, al menos tres (una podría estar en Icod de los Vinos y otra en Los Campitos). Pero para garantizar una seguridad en el suministro, Red Eléctrica se ha comprometido, además, a invertir 170 millones de euros en cinco años destinados a mejorar las líneas de más de 66 kilowatios existentes en Canarias, “sobre todo en las subestaciones que han fallado y que han producido los últimos ceros en Canarias”, según el viceconsejero. En Tenerife están previstos varios nuevos tramos de líneas de alta tensión: Los Olivos (Adeje)-Guía de Isora, Caletillas-El Rosario, y Caletillas-La Matanza. Por otra parte, la fotovoltaica (la que capta el calor solar) es otra de las fuentes de energía limpias, que ha logrado desarrollarse en Canarias (120 kv instalados) aunque el recorte en las subvenciones del Gobierno central ha supuesto un freno, al ser menos atractiva para los inversores, por reducirse de forma significativa lo beneficios. Benicio Alonso cifra en 6.000 millones anuales lo que desde 2009 adeuda el Estado a las compañías eléctricas como compensación por la fotovoltaica, y, por ello, está convencido de que el recibo de la luz subirá pronto un 10%. Cendagorta opina que el Gobierno “ha destruido el tejido industrial de la fotovoltaica al reducir las tarifas” a lo que hay que añadir que “ahora se limita la nueva potencia instalada y los promotores de estas plantas fotovoltaicas tienen que apuntarse en una lista y sólo cuando le toque el turno podrá instalarlas”. Viento, gas y sol parecen, pues el camino para que Canarias garantice su energía. ¿Y la nuclear? Benicio Alonso propone. El ex consejero de Industria e ingeniero técnico industrial lanza una propuesta provocadora: implantar la energía nuclear en Canarias, con dos minicentrales, una en Gran Canaria y otra en Tenerife, que serían“una referencia internacional”. A su juicio, el tratamiento de los residuos cada vez es más seguro y “con la nueva tecnología de aquí a 10 años se reducirá su volumen un 90%”. Cendagorta discrepa. El gerente del ITER prefiere las energías renovables y discrepa de Benicio Alonso. “Las centrales nucleares tendrían un problema para Tenerfe, y es que no se les puede variar la potencia ni el rango de hora , y lo único que puede hacer es pararse, pero no es razonable en Canarias este tipo de energía”. El Gobierno dice no. El viceconsejero regional de Industria, Juan Pedro Sánchez, deja claro que la energía nuclear “no está prevista a corto ni a medio plazo en Canarias, pues no se dan las condiciones de estabilidad del terreno”. ____________________________________________________________________ Este artículo ha sido aportado por Sara Pérez Rodríguez de 1ºBach.A. Fuente: http://www.diariodeavisos.com/2011/diariodeavisos/content/9682/
lunes, 21 de marzo de 2011
Diez días que estremecieron al mundo
El país asiático lucha por sobrevivir al efecto combinado de un terremoto, un tsunami y un accidente radiactivo
L. GALÁN / J. REINOSO / G. HIGUERAS - Madrid / Tokio / Hiroshima - 20/03/2011
El viernes 11 de marzo comenzó una nueva era en Japón. Lo ha dicho el Nobel de Literatura Kenzaburo Oé, con enorme lucidez. Ese día fatídico, las fuerzas de la naturaleza, tan venerada aquí, desencadenaron un ataque sin cuartel contra esta nación, que necesitará años para recuperarse del golpe.
Eran las 14.46, y los niños de Sendai, Kesennuma, Minamisanriku, Otsuchi, ciudades y pueblos de la franja costera nororiental de la isla de Honshu, la más poblada del archipiélago japonés, estaban en la escuela. Los trabajadores de los astilleros de Sakanamachi, en sus puestos de trabajo, igual que los empleados de las fábricas de pescado, en todo este litoral donde se crían ostras y salmón (Sakanamachi quiere decir ciudad del pescado), y se construyen barcos de medio tonelaje. En este Japón rural se concentra una población anciana que ha sido la más golpeada por la catástrofe.
Antes de que pudieran recobrarse de la brutal sacudida del terremoto, de magnitud 9 en la escala de Richter, llegó la primera ola gigantesca. El tsunami no dio respiro en las costas más próximas al epicentro del seísmo, situado a unos 400 kilómetros al noreste de Tokio, y a 10 kilómetros de profundidad bajo las aguas del Pacífico.
Los efectos combinados de ambos fenómenos se dejaron sentir en un tramo de la costa equivalente al que va de Barcelona a Alicante, aunque el golpe más brutal se lo llevaron tres de las 47 prefecturas en las que está dividido el país: Iwate, Miyagi y Fukushima.
Mucha gente no oyó las alertas del tsunami, porque el seísmo había destrozado ya el tendido eléctrico. Otros no recuerdan siquiera si sonaron. La mayoría de los ancianos (casi un tercio de la población de la zona tiene más de 65 años) se vieron impotentes para huir. Un trabajador de un astillero de Sakanamachi contaba que nada más pasar lo peor del terremoto, se subió al coche y condujo entre atascos hasta una colina desde la que vio horrorizado cómo el mar lo arrasaba todo: casas, naves, puerto, hasta el barco en el que trabajaban un centenar de compañeros, que fueron arrastrados por las aguas.
A Mariko Aizawa, de 59 años, bombera voluntaria, le pilló el tsunami cuando acompañaba a varios vecinos hacia una colina. "Me asombró ver que el agua era más alta que mi cabeza", dice esta mujer que se fracturó la tibia en la huida. "El agua arrastraba de todo. Quedé atrapada entre un coche y una casa. Nunca imaginé que podía ocurrir algo así". Aizawa se siente afortunada porque su familia pudo escapar a la catástrofe, aunque lo han perdido todo. En el hospital de Saka, en la localidad de Shiogama, junto a Sendai, se recupera de sus heridas, pero confiesa que no puede dormir: "Estoy demasiado nerviosa. No volveré a vivir cerca del mar".
Seísmo y tsunami se solaparon de tal forma que es difícil inventariar los destrozos que causó cada fenómeno. Pero todo apunta a que, pese a la brutal sacudida de la tierra que arrancó el tendido eléctrico, partió en dos carreteras y dañó más de 80.000 edificios, incluido algún rascacielos de Tokio, la mayor fuerza aniquiladora fue el agua.
Mucha gente no tuvo tiempo de ponerse a salvo. En Kesennuma, de 73.000 habitantes, un tercio de la ciudad quedó arrasada por la fuerza de las olas. La policía local calculaba encontrar bajo la masa informe de barro y escombros de todo tipo no menos de 10.000 cadáveres. En esta suave bahía las olas alcanzaron hasta los 15 metros de altura. Otro tanto ocurrió en decenas de ciudades costeras de Miyagi, como Onagawa o Minamisanriku. No tuvo mejor suerte la costa de la prefectura de Fukushima, más al sur.
Los altos muros de hormigón que protegen las dos quintas partes de la costa japonesa, de más de 35.000 kilómetros de longitud, fueron superados fácilmente por las olas gigantescas. Fue como si un látigo descomunal hubiera golpeado todas las orillas. Vídeos de aficionados mostraban altísimas cortinas de agua desbordándose sobre edificios, locales, instalaciones públicas, arrastrando consigo todo lo que encontraban a su paso, desde mobiliario público, a barcos y avionetas.
El Gobierno hizo frente a la crisis decretando el estado de emergencia y desplegando 100.000 soldados para restablecer las comunicaciones y los servicios y recuperar los cadáveres. Las últimas estimaciones hablan de 17.000 muertos.
El primer ministro, Naoto Kan, que atraviesa uno de los momentos más bajos de popularidad, intentó desesperadamente estar a la altura de las circunstancias y hacerse intérprete de la consternación general. Un gabinete de crisis, uniformado con mono azul, se reunió para examinar la situación y el propio Kan hizo una visita a la zona en helicóptero. Para entonces, ya se había declarado la alarma nuclear.
La central de Fukushima I estaba en peligro, con el sistema de refrigeración inutilizado. Tras el terremoto, falló la electricidad; luego, el tsunami paralizó los generadores diésel de emergencia, que se habían conectado automáticamente. La situación era cada vez más preocupante en este complejo nuclear de los años setenta, situado al borde del mar, que alberga seis reactores nucleares y está a 240 kilómetros al noreste de Tokio. Los problemas de calentamiento no afectan solo a los núcleos de los reactores, sino a las piscinas donde permanece el uranio ya usado, altamente radiactivo. El reactor número 3 contiene además plutonio, más radiactivo que el uranio.
A las 15.36 del sábado 12 de marzo (7.36 en España), se produce una explosión en el reactor número 1 que marca el inicio de una batalla frenética para refrigerar los núcleos de cuatro de los seis reactores del complejo. El pánico se desata. El Gobierno ordena el desalojo de todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros en torno a la central, y pide a los residentes en un área de 30 kilómetros que permanezcan con puertas y ventanas cerradas.
Poco a poco, el foco de la catástrofe se desplaza de las zonas costeras arrasadas, donde casi medio millón de personas que han perdido sus casas intentan sobrevivir en refugios organizados con ejemplar orden, a la central de Fukushima I, donde entre 50 y un centenar de técnicos y soldados luchan denodadamente por evitar que se produzca una fusión del núcleo en alguno de los reactores.
Las autoridades, y los técnicos de la empresa que explota la central, Tokio Electric Power Company (Tepco), optan desde el sábado por liberar gases radiactivos al exterior para rebajar la presión que sufre el núcleo del reactor 1. A los problemas de este reactor se irán sumando los de otros tres más, hasta disparar todas las alertas. Se teme que el viento, cargado con partículas radiactivas, pueda soplar hacia Tokio.
La calma, el estoicismo de los japoneses que ha maravillado al mundo, empieza a resquebrajarse. Los ciudadanos de la gigantesca megalópolis (el área metropolitana de Tokio aloja 35 millones de personas), que han mantenido en pie todas sus rutinas pese a las alteraciones del transporte público, a los primeros síntomas de desabastecimiento y a los periódicos apagones, parecen más próximos a sucumbir al miedo. Muchos, como Yoko Fujisaka, profesora e intérprete de inglés y español, han despertado a un nuevo pánico. "Estamos aterrorizados por la fiereza con que el terremoto ha sacudido el noreste del país. Creo que todos los japoneses, y especialmente los habitantes de Tokio, nos sentimos ahora más vulnerables. Yo me comunico por correo electrónico todos los días con mis amigas, y tenemos miedo".
Nunca antes como ahora había visto tan claro el riesgo que pueden entrañar las 54 centrales nucleares japonesas, en un país colocado en una de las zonas sísmicas más peligrosas del mundo. "La incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en Fukushima me preocupa mucho. El Gobierno siempre ha hecho propaganda a favor de la energía nuclear y de lo beneficiosa que resulta para un país sin petróleo, sin gas y sin otros recursos energéticos, pero las plantas atómicas son demasiado peligrosas en un país como el nuestro", añade. El problema es que varias empresas japonesas construyen también reactores nucleares. ¿Qué mensaje se daría al mundo si se prescindiera de esta energía?
La crisis nuclear de Fukushima se convierte en una preocupación internacional, y reabre el debate sobre esta energía. Pero en Japón son muchos los frentes abiertos que hay que atender.
Mientras cae la nieve en el norte, y los termómetros bajan, comienzan a escasear los suministros para atender las necesidades de los desplazados. Los camiones de reparto tampoco llegan a las poblaciones encerradas en el círculo maléfico en torno a la central de Fukushima que no han sido evacuadas. Las empresas temen aventurarse con sus camiones hasta esa zona, que se supone contaminada por la radiactividad. Comienza un éxodo masivo de extranjeros que huyen del país, y de japoneses que buscan seguridad más al sur. La situación es lo bastante desesperada como para que el emperador Akihito, de 77 años, se decida a lanzar un mensaje por televisión a toda la nación.
Son momentos dramáticos. Hay apagones selectivos para economizar electricidad; falta la gasolina y las grandes empresas tienen que interrumpir su producción. Japón, orgulloso de sus logros, que no aceptó ayuda externa cuando se produjo el terremoto de Kobe, en 1995, permite esta vez que equipos de asistencia de 15 países, empezando por Estados Unidos, le brinden ayuda. El banco central inyectó una suma de 360.000 millones de euros para hacer frente a la situación.
El país, postrado por una larga crisis, y con una clase política incapaz de superar los problemas que se arrastran desde hace dos décadas, se enfrenta ahora a un futuro difícil. A la fabulosa deuda externa (equivalente al 200% de su PIB), se sumará la abultada factura de esta catástrofe, que deja el país exhausto, apeado de sus certezas, en una situación que justifica plenamente la frase del Nobel Oé. Empieza una nueva era.
Así ocurrió
- Viernes, 11 de marzo. A las 14.46, hora de Tokio (ocho horas menos en la Península), se produce el terremoto.
- Entre 15 y 30 minutos después, un tsunami se abate sobre la costa más próxima al epicentro. En las zonas más alejadas, las olas gigantes tardan casi una hora en llegar.
- Alerta nuclear. Terremoto y tsunami dejan fuera de servicio el sistema de refrigeración de la central nuclear de Fukushima I. El Gobierno japonés decreta el estado de emergencia. El Ejército es movilizado para restablecer los servicios, atender al medio millón de personas sin techo y rescatar los cadáveres.
- Sábado, 12 de marzo. A las 15.36 (hora de Tokio), se produce una explosión en el reactor 1 de la central, que cuenta con seis reactores. Los técnicos dejan salir gases radiactivos al exterior. Primeros desalojos.
- Domingo, 13 de marzo. Se evacuan todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros a la redonda en torno a Fukushima I. Se recomienda a los que viven en un radio de 30 kilómetros que no salgan de casa.
- Martes, 15 de marzo. Se registran explosiones en los reactores 2 y 4.
- Miércoles, 16 de marzo. Los técnicos intentan enfriar los reactores arrojando agua de mar desde helicópteros.
- Viernes, 18 de marzo. Las autoridades aseguran que la electricidad está conectada de nuevo en la central e intenta hacer funcionar las bombas para refrigerar.
- Sábado, 19 de marzo. Japón anuncia que hay niveles elevados de radiación en la leche y en verduras procedentes de la zona de la nuclear.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/dias/estremecieron/mundo/elpepuint/20110320elpepiint_22/Tes
L. GALÁN / J. REINOSO / G. HIGUERAS - Madrid / Tokio / Hiroshima - 20/03/2011
El viernes 11 de marzo comenzó una nueva era en Japón. Lo ha dicho el Nobel de Literatura Kenzaburo Oé, con enorme lucidez. Ese día fatídico, las fuerzas de la naturaleza, tan venerada aquí, desencadenaron un ataque sin cuartel contra esta nación, que necesitará años para recuperarse del golpe.
Eran las 14.46, y los niños de Sendai, Kesennuma, Minamisanriku, Otsuchi, ciudades y pueblos de la franja costera nororiental de la isla de Honshu, la más poblada del archipiélago japonés, estaban en la escuela. Los trabajadores de los astilleros de Sakanamachi, en sus puestos de trabajo, igual que los empleados de las fábricas de pescado, en todo este litoral donde se crían ostras y salmón (Sakanamachi quiere decir ciudad del pescado), y se construyen barcos de medio tonelaje. En este Japón rural se concentra una población anciana que ha sido la más golpeada por la catástrofe.
Antes de que pudieran recobrarse de la brutal sacudida del terremoto, de magnitud 9 en la escala de Richter, llegó la primera ola gigantesca. El tsunami no dio respiro en las costas más próximas al epicentro del seísmo, situado a unos 400 kilómetros al noreste de Tokio, y a 10 kilómetros de profundidad bajo las aguas del Pacífico.
Los efectos combinados de ambos fenómenos se dejaron sentir en un tramo de la costa equivalente al que va de Barcelona a Alicante, aunque el golpe más brutal se lo llevaron tres de las 47 prefecturas en las que está dividido el país: Iwate, Miyagi y Fukushima.
Mucha gente no oyó las alertas del tsunami, porque el seísmo había destrozado ya el tendido eléctrico. Otros no recuerdan siquiera si sonaron. La mayoría de los ancianos (casi un tercio de la población de la zona tiene más de 65 años) se vieron impotentes para huir. Un trabajador de un astillero de Sakanamachi contaba que nada más pasar lo peor del terremoto, se subió al coche y condujo entre atascos hasta una colina desde la que vio horrorizado cómo el mar lo arrasaba todo: casas, naves, puerto, hasta el barco en el que trabajaban un centenar de compañeros, que fueron arrastrados por las aguas.
A Mariko Aizawa, de 59 años, bombera voluntaria, le pilló el tsunami cuando acompañaba a varios vecinos hacia una colina. "Me asombró ver que el agua era más alta que mi cabeza", dice esta mujer que se fracturó la tibia en la huida. "El agua arrastraba de todo. Quedé atrapada entre un coche y una casa. Nunca imaginé que podía ocurrir algo así". Aizawa se siente afortunada porque su familia pudo escapar a la catástrofe, aunque lo han perdido todo. En el hospital de Saka, en la localidad de Shiogama, junto a Sendai, se recupera de sus heridas, pero confiesa que no puede dormir: "Estoy demasiado nerviosa. No volveré a vivir cerca del mar".
Seísmo y tsunami se solaparon de tal forma que es difícil inventariar los destrozos que causó cada fenómeno. Pero todo apunta a que, pese a la brutal sacudida de la tierra que arrancó el tendido eléctrico, partió en dos carreteras y dañó más de 80.000 edificios, incluido algún rascacielos de Tokio, la mayor fuerza aniquiladora fue el agua.
Mucha gente no tuvo tiempo de ponerse a salvo. En Kesennuma, de 73.000 habitantes, un tercio de la ciudad quedó arrasada por la fuerza de las olas. La policía local calculaba encontrar bajo la masa informe de barro y escombros de todo tipo no menos de 10.000 cadáveres. En esta suave bahía las olas alcanzaron hasta los 15 metros de altura. Otro tanto ocurrió en decenas de ciudades costeras de Miyagi, como Onagawa o Minamisanriku. No tuvo mejor suerte la costa de la prefectura de Fukushima, más al sur.
Los altos muros de hormigón que protegen las dos quintas partes de la costa japonesa, de más de 35.000 kilómetros de longitud, fueron superados fácilmente por las olas gigantescas. Fue como si un látigo descomunal hubiera golpeado todas las orillas. Vídeos de aficionados mostraban altísimas cortinas de agua desbordándose sobre edificios, locales, instalaciones públicas, arrastrando consigo todo lo que encontraban a su paso, desde mobiliario público, a barcos y avionetas.
El Gobierno hizo frente a la crisis decretando el estado de emergencia y desplegando 100.000 soldados para restablecer las comunicaciones y los servicios y recuperar los cadáveres. Las últimas estimaciones hablan de 17.000 muertos.
El primer ministro, Naoto Kan, que atraviesa uno de los momentos más bajos de popularidad, intentó desesperadamente estar a la altura de las circunstancias y hacerse intérprete de la consternación general. Un gabinete de crisis, uniformado con mono azul, se reunió para examinar la situación y el propio Kan hizo una visita a la zona en helicóptero. Para entonces, ya se había declarado la alarma nuclear.
La central de Fukushima I estaba en peligro, con el sistema de refrigeración inutilizado. Tras el terremoto, falló la electricidad; luego, el tsunami paralizó los generadores diésel de emergencia, que se habían conectado automáticamente. La situación era cada vez más preocupante en este complejo nuclear de los años setenta, situado al borde del mar, que alberga seis reactores nucleares y está a 240 kilómetros al noreste de Tokio. Los problemas de calentamiento no afectan solo a los núcleos de los reactores, sino a las piscinas donde permanece el uranio ya usado, altamente radiactivo. El reactor número 3 contiene además plutonio, más radiactivo que el uranio.
A las 15.36 del sábado 12 de marzo (7.36 en España), se produce una explosión en el reactor número 1 que marca el inicio de una batalla frenética para refrigerar los núcleos de cuatro de los seis reactores del complejo. El pánico se desata. El Gobierno ordena el desalojo de todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros en torno a la central, y pide a los residentes en un área de 30 kilómetros que permanezcan con puertas y ventanas cerradas.
Poco a poco, el foco de la catástrofe se desplaza de las zonas costeras arrasadas, donde casi medio millón de personas que han perdido sus casas intentan sobrevivir en refugios organizados con ejemplar orden, a la central de Fukushima I, donde entre 50 y un centenar de técnicos y soldados luchan denodadamente por evitar que se produzca una fusión del núcleo en alguno de los reactores.
Las autoridades, y los técnicos de la empresa que explota la central, Tokio Electric Power Company (Tepco), optan desde el sábado por liberar gases radiactivos al exterior para rebajar la presión que sufre el núcleo del reactor 1. A los problemas de este reactor se irán sumando los de otros tres más, hasta disparar todas las alertas. Se teme que el viento, cargado con partículas radiactivas, pueda soplar hacia Tokio.
La calma, el estoicismo de los japoneses que ha maravillado al mundo, empieza a resquebrajarse. Los ciudadanos de la gigantesca megalópolis (el área metropolitana de Tokio aloja 35 millones de personas), que han mantenido en pie todas sus rutinas pese a las alteraciones del transporte público, a los primeros síntomas de desabastecimiento y a los periódicos apagones, parecen más próximos a sucumbir al miedo. Muchos, como Yoko Fujisaka, profesora e intérprete de inglés y español, han despertado a un nuevo pánico. "Estamos aterrorizados por la fiereza con que el terremoto ha sacudido el noreste del país. Creo que todos los japoneses, y especialmente los habitantes de Tokio, nos sentimos ahora más vulnerables. Yo me comunico por correo electrónico todos los días con mis amigas, y tenemos miedo".
Nunca antes como ahora había visto tan claro el riesgo que pueden entrañar las 54 centrales nucleares japonesas, en un país colocado en una de las zonas sísmicas más peligrosas del mundo. "La incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en Fukushima me preocupa mucho. El Gobierno siempre ha hecho propaganda a favor de la energía nuclear y de lo beneficiosa que resulta para un país sin petróleo, sin gas y sin otros recursos energéticos, pero las plantas atómicas son demasiado peligrosas en un país como el nuestro", añade. El problema es que varias empresas japonesas construyen también reactores nucleares. ¿Qué mensaje se daría al mundo si se prescindiera de esta energía?
La crisis nuclear de Fukushima se convierte en una preocupación internacional, y reabre el debate sobre esta energía. Pero en Japón son muchos los frentes abiertos que hay que atender.
Mientras cae la nieve en el norte, y los termómetros bajan, comienzan a escasear los suministros para atender las necesidades de los desplazados. Los camiones de reparto tampoco llegan a las poblaciones encerradas en el círculo maléfico en torno a la central de Fukushima que no han sido evacuadas. Las empresas temen aventurarse con sus camiones hasta esa zona, que se supone contaminada por la radiactividad. Comienza un éxodo masivo de extranjeros que huyen del país, y de japoneses que buscan seguridad más al sur. La situación es lo bastante desesperada como para que el emperador Akihito, de 77 años, se decida a lanzar un mensaje por televisión a toda la nación.
Son momentos dramáticos. Hay apagones selectivos para economizar electricidad; falta la gasolina y las grandes empresas tienen que interrumpir su producción. Japón, orgulloso de sus logros, que no aceptó ayuda externa cuando se produjo el terremoto de Kobe, en 1995, permite esta vez que equipos de asistencia de 15 países, empezando por Estados Unidos, le brinden ayuda. El banco central inyectó una suma de 360.000 millones de euros para hacer frente a la situación.
El país, postrado por una larga crisis, y con una clase política incapaz de superar los problemas que se arrastran desde hace dos décadas, se enfrenta ahora a un futuro difícil. A la fabulosa deuda externa (equivalente al 200% de su PIB), se sumará la abultada factura de esta catástrofe, que deja el país exhausto, apeado de sus certezas, en una situación que justifica plenamente la frase del Nobel Oé. Empieza una nueva era.
Así ocurrió
- Viernes, 11 de marzo. A las 14.46, hora de Tokio (ocho horas menos en la Península), se produce el terremoto.
- Entre 15 y 30 minutos después, un tsunami se abate sobre la costa más próxima al epicentro. En las zonas más alejadas, las olas gigantes tardan casi una hora en llegar.
- Alerta nuclear. Terremoto y tsunami dejan fuera de servicio el sistema de refrigeración de la central nuclear de Fukushima I. El Gobierno japonés decreta el estado de emergencia. El Ejército es movilizado para restablecer los servicios, atender al medio millón de personas sin techo y rescatar los cadáveres.
- Sábado, 12 de marzo. A las 15.36 (hora de Tokio), se produce una explosión en el reactor 1 de la central, que cuenta con seis reactores. Los técnicos dejan salir gases radiactivos al exterior. Primeros desalojos.
- Domingo, 13 de marzo. Se evacuan todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros a la redonda en torno a Fukushima I. Se recomienda a los que viven en un radio de 30 kilómetros que no salgan de casa.
- Martes, 15 de marzo. Se registran explosiones en los reactores 2 y 4.
- Miércoles, 16 de marzo. Los técnicos intentan enfriar los reactores arrojando agua de mar desde helicópteros.
- Viernes, 18 de marzo. Las autoridades aseguran que la electricidad está conectada de nuevo en la central e intenta hacer funcionar las bombas para refrigerar.
- Sábado, 19 de marzo. Japón anuncia que hay niveles elevados de radiación en la leche y en verduras procedentes de la zona de la nuclear.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/dias/estremecieron/mundo/elpepuint/20110320elpepiint_22/Tes
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Alerta en Japón por contaminación radiactiva en alimentos y agua
Se han hallado partículas de yodo radicativo en el agua de Tokio.- Prohibida la venta de alimentos de la prefectura de Fukushima.- Los técnicos siguen intentando enfriar la central, a la que ha vuelto parcialmente la electricidad
JOSE REINOSO Tokio (ENVIADO ESPECIAL) 19/03/2011
Japón sigue luchando para controlar la catástrofe nuclear en la planta de Fukushima 1, en problemas desde el viernes de la semana pasada, cuando el terremoto de magnitud 9 y posterior tsunami que vivió el país provocó el desastre en la central. Los primeros efectos de las fugas radiactivas que lentamente se producen desde aquel día comienzan a llegar a la población. El Gobierno ha confirmado esta mañana (hora española) que se han encontrado partículas de yodo radiactivo en el agua que llega a los hogares de Tokio, informa France Presse citando a la agencia de noticias japonesa Kyodo. También se han encontrado este tipo de partículas en el agua del grifo de otras localidades del país: Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba y Niigata, además de en otras localidades de la prefectura de Ibaraki. El ministro japonés de Ciencias ha dicho, no obstante, que las dosis radiactivas son inferiores a los límites que marca la ley.
Además, el Gobierno ha reconocido que se han detectado altos niveles de radiactividad en leche y productos agrícolas cerca de la central nuclear de Fukushima, aunque aseguró que la contaminación "no supone riesgo inmediato", informa EFE. Esta información contrasta con el útimo informe de la OIEA, que recoge que la presencia de partículas de yodo radioactivo sí son perniciosas para la salud en el corto plazo. En cualquier caso, el Gobierno de Japón ha decidido paralizar la venta de todos los alimentos que provengan de la prefectura en la que se encuentra la central nuclear como medida preventiva, informa REUTERS.
La situación del medio millón de personas que perdieron sus casas por el maremoto y se encuentran en refugios se hace cada día más dura, debido a la nieve y las bajas temperaturas en lugares sin calefacción, la escasez de comida, agua y gasolina. El Gobierno está estudiando desplazar a algunas a otras partes del país. En Tokio, millones de personas continúan trabajando desde casa por miedo a la radiación y a que se produzca una explosión en Fukushima, que se encuentra 240 kilómetros al norte. El Gobierno asegura que el nivel de radiactividad en la capital no supone ningún riesgo para la salud.
La compañía responsable de la central de Fukushima, Tokyo Electric Power (Tepco), ha pedido disculpas a la población por los restos de radiación detectados en los alimentos y señaló que está dispuesta a asumir la responsabilidad, informa EFE.
Electricidad parcial en los reactores más afectados de la central
Los ingenieros de Tepco han anunciado que han comenzado a enfriar la piscina del reactor número 5 utilizando las bombas de agua que funcionan con un generador diésel. Es el primer resultado de la reconexión de la corriente por medio de una línea de transmisión externa, un paso imprescindible para retomar el control de la planta. La empresa había declarado que la primera unidad que pretendía reconectar era la 2, seguida de la 1, la 3 y la 4. La razón es que la unidad 2 es la que está menos dañada en el exterior, y por eso es más difícil enfriarla con cañones de agua. Sin embargo, a primera hora de la mañana (tres de la madrugada de España) se confirmó que el primer reactor en comenzar a refrigerarse sería el 5, junto con el 6, los que menos problemas presentaban por estar fuera de funcionamiento en el momento del terremoto, pero cuya temperatura se había ido incrementando desde entonces.
La agencia de seguridad nuclear japonesa ha confirmado que se ha logrado conectar un cable eléctrico al reactor 2 para relanzar los sistemas de refrigeración, pero todavía no se ha podido establecer la corriente eléctrica. Esta información, que adelanta la agencia de noticias France Presse, no ha sido confirmada todavía por Tepco. "Todavía hay que hacer muchas verificaciones", ha indicado Fumiaki Hayakawa, portavoz de la agencia. "Si se pone a funcionar sin las comprobaciones necesarias, podría saltar". La agencia cree que el sistema entrará en funcionamiento mañana domingo, salvo que ocurran imprevistos.
Las primeras informaciones que facilitó la empresa, sin embargo, decían que el suministro de los reactores 1, 2, 5 y 6 debería ser restablecido hoy; el reactor 3 contará con electricidad el domingo. Mientras, los bomberos seguirán todo el día refrigerando con mangueras el exterior de los reactores. La otra gran noticia es la perforación de los techos de los reactores 5 y 6 para evitar que un aumento de la presión pueda derivar en nuevas explosiones.
Tepco ha anunciado que aumentará a 150 milisievert el límite de radiación al que pueden exponerse los empleados de sus centrales debido a la necesidad de atajar la situación en Fukushima. Hasta ahora este límite estaba fijado en 100 en cada turno de trabajo, una cantidad que muchos operarios ya han superado. La empresa asegura que esos operarios no continuarán trabajando en las operaciones de emergencia.
El peor desastre nuclear que vive el mundo desde Chernóbil, en 1986, podría acabar de forma similar para sus instalaciones. Tepco aseguró ayer que está estudiando la posibilidad de sellar los reactores con un sarcófago realizado con arena y hormigón para poner fin al riesgo de una fuga masiva de radiación.
Helicópteros y camiones de bomberos militares continuaron arrojando toneladas de agua ayer sobre el reactor número 3 -el más crítico, por utilizar plutonio- para evitar que el combustible se sobrecaliente y se produzca una nube radiactiva. La empresa Tepco afirmó por la noche que las medidas estaban dando fruto, a pesar del escepticismo de algunos científicos internacionales, que las han calificado de desesperadas.
La peor crisis atómica desde Chernóbil
Mientras tanto, Tokio elevó ayer retrospectivamente la clasificación de la crisis atómica de nivel 4 -"accidente con consecuencias de alcance local"- a nivel 5 -"accidente con consecuencias de mayor alcance"-, sobre una escala internacional de 7. El Gobierno japonés admitió por primera vez que se había visto desbordado por la magnitud del doble desastre natural -terremoto y tsunami-, que ha dejado casi 18.000 muertos y desaparecidos, según las últimas estimaciones. El primer ministro, Naoto Kan, urgió a la nación a unirse ante la mayor crisis que vive el país desde la II Guerra Mundial. "Reconstruiremos Japón desde cero. Todos debemos compartir esta determinación", dijo en una intervención televisada. Kan aseguró que la difícil situación es "una gran prueba para el pueblo japonés".
La revisión del nivel 4 al nivel 5 sitúa el desastre de Fukushima al mismo nivel que el de Harrisburg (Estados Unidos), en 1979, en segundo lugar por detrás de Chernóbil, aunque la Agencia de Seguridad Nuclear de Francia había asegurado desde el martes pasado que la crisis de la central japonesa correspondía a un nivel 6. Hidehiko Nishiyama, portavoz de la agencia de seguridad atómica de Japón, dijo que la clasificación fue revisada cuando los responsables se dieron cuenta de que al menos el 3% del combustible en tres de los reactores de Fukushima había resultado seriamente dañado. Esto apunta a que sus núcleos se han fusionado parcialmente y han soltado radiactividad a la atmósfera.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Alerta/Japon/contaminacion/radiactiva/alimentos/agua/elpepuint/20110319elpepuint_3/Tes
JOSE REINOSO Tokio (ENVIADO ESPECIAL) 19/03/2011
Japón sigue luchando para controlar la catástrofe nuclear en la planta de Fukushima 1, en problemas desde el viernes de la semana pasada, cuando el terremoto de magnitud 9 y posterior tsunami que vivió el país provocó el desastre en la central. Los primeros efectos de las fugas radiactivas que lentamente se producen desde aquel día comienzan a llegar a la población. El Gobierno ha confirmado esta mañana (hora española) que se han encontrado partículas de yodo radiactivo en el agua que llega a los hogares de Tokio, informa France Presse citando a la agencia de noticias japonesa Kyodo. También se han encontrado este tipo de partículas en el agua del grifo de otras localidades del país: Tochigi, Gunma, Saitama, Chiba y Niigata, además de en otras localidades de la prefectura de Ibaraki. El ministro japonés de Ciencias ha dicho, no obstante, que las dosis radiactivas son inferiores a los límites que marca la ley.
Además, el Gobierno ha reconocido que se han detectado altos niveles de radiactividad en leche y productos agrícolas cerca de la central nuclear de Fukushima, aunque aseguró que la contaminación "no supone riesgo inmediato", informa EFE. Esta información contrasta con el útimo informe de la OIEA, que recoge que la presencia de partículas de yodo radioactivo sí son perniciosas para la salud en el corto plazo. En cualquier caso, el Gobierno de Japón ha decidido paralizar la venta de todos los alimentos que provengan de la prefectura en la que se encuentra la central nuclear como medida preventiva, informa REUTERS.
La situación del medio millón de personas que perdieron sus casas por el maremoto y se encuentran en refugios se hace cada día más dura, debido a la nieve y las bajas temperaturas en lugares sin calefacción, la escasez de comida, agua y gasolina. El Gobierno está estudiando desplazar a algunas a otras partes del país. En Tokio, millones de personas continúan trabajando desde casa por miedo a la radiación y a que se produzca una explosión en Fukushima, que se encuentra 240 kilómetros al norte. El Gobierno asegura que el nivel de radiactividad en la capital no supone ningún riesgo para la salud.
La compañía responsable de la central de Fukushima, Tokyo Electric Power (Tepco), ha pedido disculpas a la población por los restos de radiación detectados en los alimentos y señaló que está dispuesta a asumir la responsabilidad, informa EFE.
Electricidad parcial en los reactores más afectados de la central
Los ingenieros de Tepco han anunciado que han comenzado a enfriar la piscina del reactor número 5 utilizando las bombas de agua que funcionan con un generador diésel. Es el primer resultado de la reconexión de la corriente por medio de una línea de transmisión externa, un paso imprescindible para retomar el control de la planta. La empresa había declarado que la primera unidad que pretendía reconectar era la 2, seguida de la 1, la 3 y la 4. La razón es que la unidad 2 es la que está menos dañada en el exterior, y por eso es más difícil enfriarla con cañones de agua. Sin embargo, a primera hora de la mañana (tres de la madrugada de España) se confirmó que el primer reactor en comenzar a refrigerarse sería el 5, junto con el 6, los que menos problemas presentaban por estar fuera de funcionamiento en el momento del terremoto, pero cuya temperatura se había ido incrementando desde entonces.
La agencia de seguridad nuclear japonesa ha confirmado que se ha logrado conectar un cable eléctrico al reactor 2 para relanzar los sistemas de refrigeración, pero todavía no se ha podido establecer la corriente eléctrica. Esta información, que adelanta la agencia de noticias France Presse, no ha sido confirmada todavía por Tepco. "Todavía hay que hacer muchas verificaciones", ha indicado Fumiaki Hayakawa, portavoz de la agencia. "Si se pone a funcionar sin las comprobaciones necesarias, podría saltar". La agencia cree que el sistema entrará en funcionamiento mañana domingo, salvo que ocurran imprevistos.
Las primeras informaciones que facilitó la empresa, sin embargo, decían que el suministro de los reactores 1, 2, 5 y 6 debería ser restablecido hoy; el reactor 3 contará con electricidad el domingo. Mientras, los bomberos seguirán todo el día refrigerando con mangueras el exterior de los reactores. La otra gran noticia es la perforación de los techos de los reactores 5 y 6 para evitar que un aumento de la presión pueda derivar en nuevas explosiones.
Tepco ha anunciado que aumentará a 150 milisievert el límite de radiación al que pueden exponerse los empleados de sus centrales debido a la necesidad de atajar la situación en Fukushima. Hasta ahora este límite estaba fijado en 100 en cada turno de trabajo, una cantidad que muchos operarios ya han superado. La empresa asegura que esos operarios no continuarán trabajando en las operaciones de emergencia.
El peor desastre nuclear que vive el mundo desde Chernóbil, en 1986, podría acabar de forma similar para sus instalaciones. Tepco aseguró ayer que está estudiando la posibilidad de sellar los reactores con un sarcófago realizado con arena y hormigón para poner fin al riesgo de una fuga masiva de radiación.
Helicópteros y camiones de bomberos militares continuaron arrojando toneladas de agua ayer sobre el reactor número 3 -el más crítico, por utilizar plutonio- para evitar que el combustible se sobrecaliente y se produzca una nube radiactiva. La empresa Tepco afirmó por la noche que las medidas estaban dando fruto, a pesar del escepticismo de algunos científicos internacionales, que las han calificado de desesperadas.
La peor crisis atómica desde Chernóbil
Mientras tanto, Tokio elevó ayer retrospectivamente la clasificación de la crisis atómica de nivel 4 -"accidente con consecuencias de alcance local"- a nivel 5 -"accidente con consecuencias de mayor alcance"-, sobre una escala internacional de 7. El Gobierno japonés admitió por primera vez que se había visto desbordado por la magnitud del doble desastre natural -terremoto y tsunami-, que ha dejado casi 18.000 muertos y desaparecidos, según las últimas estimaciones. El primer ministro, Naoto Kan, urgió a la nación a unirse ante la mayor crisis que vive el país desde la II Guerra Mundial. "Reconstruiremos Japón desde cero. Todos debemos compartir esta determinación", dijo en una intervención televisada. Kan aseguró que la difícil situación es "una gran prueba para el pueblo japonés".
La revisión del nivel 4 al nivel 5 sitúa el desastre de Fukushima al mismo nivel que el de Harrisburg (Estados Unidos), en 1979, en segundo lugar por detrás de Chernóbil, aunque la Agencia de Seguridad Nuclear de Francia había asegurado desde el martes pasado que la crisis de la central japonesa correspondía a un nivel 6. Hidehiko Nishiyama, portavoz de la agencia de seguridad atómica de Japón, dijo que la clasificación fue revisada cuando los responsables se dieron cuenta de que al menos el 3% del combustible en tres de los reactores de Fukushima había resultado seriamente dañado. Esto apunta a que sus núcleos se han fusionado parcialmente y han soltado radiactividad a la atmósfera.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/Alerta/Japon/contaminacion/radiactiva/alimentos/agua/elpepuint/20110319elpepuint_3/Tes
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