lunes, 28 de marzo de 2011
La elevada radiactividad obliga a evacuar el reactor 2 de Fukushima
La radiactividad en Fukushima ha ido aumentando día a día, pero la cifra que se alcanzó fue tan estratosférica que hizo sonar todas las alarmas, si es que quedaba alguna por sonar. La Compañía Eléctrica de Tokio (Tepco) anunció a mediodía que el agua estancada en el reactor 2 contenía una radiación 10 millones de veces superior a la habitual. La cantidad era tan escandalosa que la compañía reconoció que el núcleo del reactor está dañado. Todos los operarios fueron evacuados de inmediato y el reactor abandonado a su suerte. Sin embargo, poco después Tepco rectificó esa cifra: "Hemos confundido en las mediciones el yodo-134 con el cobalto-56", indicó Sakae Muto, vicepresidente de la empresa. Según el análisis mostrado por Tepco, los niveles de radiación son 100.000 veces superiores a los normales, lo que sigue siendo muy alarmante. Significa que el agua en el sótano del edificio de turbinas del reactor 2 irradia más de 1.000 milisieverts por hora. Exponerse a un ambiente con esa concentración durante cuatro horas provoca en una persona adulta un descenso repentino de glóbulos blancos en apenas 30 minutos más, y la mitad de los expuestos mueren en 30 días, según datos facilitados por la agencia Kyodo. El portavoz de la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón (ASNJ), Hideshiko Nishiyama, se limitó a admitir que se trata de un volumen de radiactividad "muy alto".
"Imposible trabajar alli"
"Es virtualmente imposible trabajar, sólo se puede estar allí durante unos minutos. Es imposible saber cuánto tiempo necesitarán para retomar el control", exclama Robert Finck, especialista de la Autoridad Sueca de Seguridad Radiológica. "La situación es grave. Tienen que bombear hacia el exterior toda el agua estancada para librarse de la radiación", precisa Finck. El aumento de la radiación en la central nuclear coincidió con un nuevo récord en la concentración de partículas de yodo-131 en el agua marina. La muestra recogida fue 1.850 veces superior al límite legal (el viernes fue de 1.250). El portavoz de la ASNJ insistió en que eso no cambia los argumentos del día anterior, es decir, que el yodo se diluirá y se degradará en cuestión de días y que se precisaría una cantidad muy superior para contaminar las algas y la vida marina. Sin embargo, sí reconoció que la escalada de radiación podría significar que hay una fuga continuada de isótopos. Según la televisión estatal NHK, las partículas liberadas en las últimas filtraciones contienen los mismos isótopos de yodo y de cesio que se producen en las reacciones de fisión nuclear, lo que indicaría que proceden del interior del núcleo del reactor 2. Alarmado, el portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, instó a Tepco a que aclare de inmediato el origen de las filtraciones, mientras una encuesta revelaba que el 58% de los japoneses no aprueba la gestión de la crisis que está haciendo el Gobierno. Aunque en Tokio sigue reinando la calma y sólo se palpa el miedo en la compra compulsiva de agua embotellada, los japoneses empiezan a perder la paciencia al comprobar que la situación se agrava cada día.
Tepco ocultó información
Aún así, el foco de sus críticas es la empresa propietaria. El sábado se supo que Tepco conocía los altos niveles de radiactividad en el agua del reactor 3, pero ocultó el dato a los tres operarios que sufrieron quemaduras graves el jueves. Con el agua hasta los tobillos, los tres continuaron su tarea cuando los dosímetros hicieron sonar la alarma, porque pensaron que estaban estropeados. Expusieron sus cuerpos a entre 2.000 y 6.000 milisieverts, niveles que pueden resultar fatales. Mientras, se siguen arrojando toneladas de agua destilada para refrigerar los reactores. Los números 1, 2 y 3 son los más irradiados.
Fuente: http://www.publico.es/internacional/368367/la-elevada-radiactividad-obliga-a-evacuar-el-reactor-2-de-fukushima
lunes, 21 de marzo de 2011
Diez días que estremecieron al mundo
L. GALÁN / J. REINOSO / G. HIGUERAS - Madrid / Tokio / Hiroshima - 20/03/2011
El viernes 11 de marzo comenzó una nueva era en Japón. Lo ha dicho el Nobel de Literatura Kenzaburo Oé, con enorme lucidez. Ese día fatídico, las fuerzas de la naturaleza, tan venerada aquí, desencadenaron un ataque sin cuartel contra esta nación, que necesitará años para recuperarse del golpe.
Eran las 14.46, y los niños de Sendai, Kesennuma, Minamisanriku, Otsuchi, ciudades y pueblos de la franja costera nororiental de la isla de Honshu, la más poblada del archipiélago japonés, estaban en la escuela. Los trabajadores de los astilleros de Sakanamachi, en sus puestos de trabajo, igual que los empleados de las fábricas de pescado, en todo este litoral donde se crían ostras y salmón (Sakanamachi quiere decir ciudad del pescado), y se construyen barcos de medio tonelaje. En este Japón rural se concentra una población anciana que ha sido la más golpeada por la catástrofe.
Antes de que pudieran recobrarse de la brutal sacudida del terremoto, de magnitud 9 en la escala de Richter, llegó la primera ola gigantesca. El tsunami no dio respiro en las costas más próximas al epicentro del seísmo, situado a unos 400 kilómetros al noreste de Tokio, y a 10 kilómetros de profundidad bajo las aguas del Pacífico.
Los efectos combinados de ambos fenómenos se dejaron sentir en un tramo de la costa equivalente al que va de Barcelona a Alicante, aunque el golpe más brutal se lo llevaron tres de las 47 prefecturas en las que está dividido el país: Iwate, Miyagi y Fukushima.
Mucha gente no oyó las alertas del tsunami, porque el seísmo había destrozado ya el tendido eléctrico. Otros no recuerdan siquiera si sonaron. La mayoría de los ancianos (casi un tercio de la población de la zona tiene más de 65 años) se vieron impotentes para huir. Un trabajador de un astillero de Sakanamachi contaba que nada más pasar lo peor del terremoto, se subió al coche y condujo entre atascos hasta una colina desde la que vio horrorizado cómo el mar lo arrasaba todo: casas, naves, puerto, hasta el barco en el que trabajaban un centenar de compañeros, que fueron arrastrados por las aguas.
A Mariko Aizawa, de 59 años, bombera voluntaria, le pilló el tsunami cuando acompañaba a varios vecinos hacia una colina. "Me asombró ver que el agua era más alta que mi cabeza", dice esta mujer que se fracturó la tibia en la huida. "El agua arrastraba de todo. Quedé atrapada entre un coche y una casa. Nunca imaginé que podía ocurrir algo así". Aizawa se siente afortunada porque su familia pudo escapar a la catástrofe, aunque lo han perdido todo. En el hospital de Saka, en la localidad de Shiogama, junto a Sendai, se recupera de sus heridas, pero confiesa que no puede dormir: "Estoy demasiado nerviosa. No volveré a vivir cerca del mar".
Seísmo y tsunami se solaparon de tal forma que es difícil inventariar los destrozos que causó cada fenómeno. Pero todo apunta a que, pese a la brutal sacudida de la tierra que arrancó el tendido eléctrico, partió en dos carreteras y dañó más de 80.000 edificios, incluido algún rascacielos de Tokio, la mayor fuerza aniquiladora fue el agua.
Mucha gente no tuvo tiempo de ponerse a salvo. En Kesennuma, de 73.000 habitantes, un tercio de la ciudad quedó arrasada por la fuerza de las olas. La policía local calculaba encontrar bajo la masa informe de barro y escombros de todo tipo no menos de 10.000 cadáveres. En esta suave bahía las olas alcanzaron hasta los 15 metros de altura. Otro tanto ocurrió en decenas de ciudades costeras de Miyagi, como Onagawa o Minamisanriku. No tuvo mejor suerte la costa de la prefectura de Fukushima, más al sur.
Los altos muros de hormigón que protegen las dos quintas partes de la costa japonesa, de más de 35.000 kilómetros de longitud, fueron superados fácilmente por las olas gigantescas. Fue como si un látigo descomunal hubiera golpeado todas las orillas. Vídeos de aficionados mostraban altísimas cortinas de agua desbordándose sobre edificios, locales, instalaciones públicas, arrastrando consigo todo lo que encontraban a su paso, desde mobiliario público, a barcos y avionetas.
El Gobierno hizo frente a la crisis decretando el estado de emergencia y desplegando 100.000 soldados para restablecer las comunicaciones y los servicios y recuperar los cadáveres. Las últimas estimaciones hablan de 17.000 muertos.
El primer ministro, Naoto Kan, que atraviesa uno de los momentos más bajos de popularidad, intentó desesperadamente estar a la altura de las circunstancias y hacerse intérprete de la consternación general. Un gabinete de crisis, uniformado con mono azul, se reunió para examinar la situación y el propio Kan hizo una visita a la zona en helicóptero. Para entonces, ya se había declarado la alarma nuclear.
La central de Fukushima I estaba en peligro, con el sistema de refrigeración inutilizado. Tras el terremoto, falló la electricidad; luego, el tsunami paralizó los generadores diésel de emergencia, que se habían conectado automáticamente. La situación era cada vez más preocupante en este complejo nuclear de los años setenta, situado al borde del mar, que alberga seis reactores nucleares y está a 240 kilómetros al noreste de Tokio. Los problemas de calentamiento no afectan solo a los núcleos de los reactores, sino a las piscinas donde permanece el uranio ya usado, altamente radiactivo. El reactor número 3 contiene además plutonio, más radiactivo que el uranio.
A las 15.36 del sábado 12 de marzo (7.36 en España), se produce una explosión en el reactor número 1 que marca el inicio de una batalla frenética para refrigerar los núcleos de cuatro de los seis reactores del complejo. El pánico se desata. El Gobierno ordena el desalojo de todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros en torno a la central, y pide a los residentes en un área de 30 kilómetros que permanezcan con puertas y ventanas cerradas.
Poco a poco, el foco de la catástrofe se desplaza de las zonas costeras arrasadas, donde casi medio millón de personas que han perdido sus casas intentan sobrevivir en refugios organizados con ejemplar orden, a la central de Fukushima I, donde entre 50 y un centenar de técnicos y soldados luchan denodadamente por evitar que se produzca una fusión del núcleo en alguno de los reactores.
Las autoridades, y los técnicos de la empresa que explota la central, Tokio Electric Power Company (Tepco), optan desde el sábado por liberar gases radiactivos al exterior para rebajar la presión que sufre el núcleo del reactor 1. A los problemas de este reactor se irán sumando los de otros tres más, hasta disparar todas las alertas. Se teme que el viento, cargado con partículas radiactivas, pueda soplar hacia Tokio.
La calma, el estoicismo de los japoneses que ha maravillado al mundo, empieza a resquebrajarse. Los ciudadanos de la gigantesca megalópolis (el área metropolitana de Tokio aloja 35 millones de personas), que han mantenido en pie todas sus rutinas pese a las alteraciones del transporte público, a los primeros síntomas de desabastecimiento y a los periódicos apagones, parecen más próximos a sucumbir al miedo. Muchos, como Yoko Fujisaka, profesora e intérprete de inglés y español, han despertado a un nuevo pánico. "Estamos aterrorizados por la fiereza con que el terremoto ha sacudido el noreste del país. Creo que todos los japoneses, y especialmente los habitantes de Tokio, nos sentimos ahora más vulnerables. Yo me comunico por correo electrónico todos los días con mis amigas, y tenemos miedo".
Nunca antes como ahora había visto tan claro el riesgo que pueden entrañar las 54 centrales nucleares japonesas, en un país colocado en una de las zonas sísmicas más peligrosas del mundo. "La incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en Fukushima me preocupa mucho. El Gobierno siempre ha hecho propaganda a favor de la energía nuclear y de lo beneficiosa que resulta para un país sin petróleo, sin gas y sin otros recursos energéticos, pero las plantas atómicas son demasiado peligrosas en un país como el nuestro", añade. El problema es que varias empresas japonesas construyen también reactores nucleares. ¿Qué mensaje se daría al mundo si se prescindiera de esta energía?
La crisis nuclear de Fukushima se convierte en una preocupación internacional, y reabre el debate sobre esta energía. Pero en Japón son muchos los frentes abiertos que hay que atender.
Mientras cae la nieve en el norte, y los termómetros bajan, comienzan a escasear los suministros para atender las necesidades de los desplazados. Los camiones de reparto tampoco llegan a las poblaciones encerradas en el círculo maléfico en torno a la central de Fukushima que no han sido evacuadas. Las empresas temen aventurarse con sus camiones hasta esa zona, que se supone contaminada por la radiactividad. Comienza un éxodo masivo de extranjeros que huyen del país, y de japoneses que buscan seguridad más al sur. La situación es lo bastante desesperada como para que el emperador Akihito, de 77 años, se decida a lanzar un mensaje por televisión a toda la nación.
Son momentos dramáticos. Hay apagones selectivos para economizar electricidad; falta la gasolina y las grandes empresas tienen que interrumpir su producción. Japón, orgulloso de sus logros, que no aceptó ayuda externa cuando se produjo el terremoto de Kobe, en 1995, permite esta vez que equipos de asistencia de 15 países, empezando por Estados Unidos, le brinden ayuda. El banco central inyectó una suma de 360.000 millones de euros para hacer frente a la situación.
El país, postrado por una larga crisis, y con una clase política incapaz de superar los problemas que se arrastran desde hace dos décadas, se enfrenta ahora a un futuro difícil. A la fabulosa deuda externa (equivalente al 200% de su PIB), se sumará la abultada factura de esta catástrofe, que deja el país exhausto, apeado de sus certezas, en una situación que justifica plenamente la frase del Nobel Oé. Empieza una nueva era.
Así ocurrió
- Viernes, 11 de marzo. A las 14.46, hora de Tokio (ocho horas menos en la Península), se produce el terremoto.
- Entre 15 y 30 minutos después, un tsunami se abate sobre la costa más próxima al epicentro. En las zonas más alejadas, las olas gigantes tardan casi una hora en llegar.
- Alerta nuclear. Terremoto y tsunami dejan fuera de servicio el sistema de refrigeración de la central nuclear de Fukushima I. El Gobierno japonés decreta el estado de emergencia. El Ejército es movilizado para restablecer los servicios, atender al medio millón de personas sin techo y rescatar los cadáveres.
- Sábado, 12 de marzo. A las 15.36 (hora de Tokio), se produce una explosión en el reactor 1 de la central, que cuenta con seis reactores. Los técnicos dejan salir gases radiactivos al exterior. Primeros desalojos.
- Domingo, 13 de marzo. Se evacuan todas las poblaciones en un radio de 20 kilómetros a la redonda en torno a Fukushima I. Se recomienda a los que viven en un radio de 30 kilómetros que no salgan de casa.
- Martes, 15 de marzo. Se registran explosiones en los reactores 2 y 4.
- Miércoles, 16 de marzo. Los técnicos intentan enfriar los reactores arrojando agua de mar desde helicópteros.
- Viernes, 18 de marzo. Las autoridades aseguran que la electricidad está conectada de nuevo en la central e intenta hacer funcionar las bombas para refrigerar.
- Sábado, 19 de marzo. Japón anuncia que hay niveles elevados de radiación en la leche y en verduras procedentes de la zona de la nuclear.
Fuente: http://www.elpais.com/articulo/internacional/dias/estremecieron/mundo/elpepuint/20110320elpepiint_22/Tes
Alerta por radiación en la central de Fukushima I
Situación de los reactores de la central de Fukushima afectados por el terremoto y el tsunami
Excelente gráfico mostrado por el periódiodico EL PAÍS sobre el accidente nuclear en Japón.
Situación japonesa en extremo preocupante: OMS
La directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) , María Neira, dijo hoy que la situación en Japón es "extremadamente preocupante" , pues, subrayó, en "cada minuto puede cambiar" .
La OMS está profundamente "preocupada" , aunque hay que intentar evitar la generación de pánico, dijo Neiro en una rueda de prensa en Oviedo (norte) para presentar una conferencia que se celebra en la región.
Destacó que además del tipo de material radiactivo, las dosis y otros factores como la edad y el tiempo de exposición determinarán las consecuencias para la salud de las fugas radiactivas.
Neira dijo que la OMS comparte las medidas llevadas a cabo por las autoridades niponas como la evacuación en 20 kilómetros de radio de la central nuclear o que las personas permanezcan en sus casas con puertas y ventanas cerradas.
En cuanto a la distribución de pastillas de potasio yodado, que bloquean la glándula tiroides para que no absorban el yodo radiactivo, Neira indicó que sólo se puede hacer uso de ellas bajo estricta recomendación de las autoridades nacionales.
En su opinión, la diferencia con el accidente nuclear de Chernobyl -ocurrido en Ucrania en 1986- es que la zona inmediata a las proximidades de la central de Japón ha sido evacuada.
Neira explicó que los mejores expertos en el mundo en temas de radiación y salud ambiental están en Japón, y dijo que la última reunión que celebró un grupo de 40 especialistas hace un mes fue en Tokio, donde además se trataron temas de repuesta médica a este tipo de emergencias.
La OMS también está dando recomendaciones sobre qué tipo de alimentos se puede o no consumir, aunque, según reconoció Neira, tras las inundaciones producidas en la zona no ha quedado ningún tipo de producción de alimentos vegetales.
Este artículo ha sido aportado por Leila Pérez Reyes de 1ºBach. A
Fuente: http://www.plazadearmas.com.mx/index.php?sec=8&id=33570
Japón pide auxilio a los expertos del Organismo de Energía Atómica
Japón ha pedido oficialmente al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) el envío de un equipo de expertos tras las explosiones en la central nuclear de Fukushima, según ha declarado este lunes el director general de la agencia de la ONU, Yukiya Amano.
"El Gobierno japonés ha pedido al organismo que envíe un grupo de expertos. Estamos discutiendo con Japón los detalles", ha declarado Amano.
Esta mañana, la empresa operadora de la central nuclear de Fukushima, TEPCO, informaba de la posible fusión del núcleo de uno de los reactores de la planta, tras un descenso del nivel del agua que cubría el combustible nuclear y que permite controlar su temperatura. Si llega a producirse la fusión se trataría de un accidente grave dentro del reactor, sin embargo, una primera barrera de confinamiento -una especie de vasija de acero- y el edificio de contención que protege la zona peligrosa bloquearía la liberación de material radiactivo a la atmósfera.
En el reactor, donde se produce la reacción que genera el calor suficiente para obtener energía, podría producirse una fusión del núcleo por un aumento de potencia o por la imposibilidad de ser enfriado. Según Tokyo Electric Power (TEPCO), las barras de uranio de la central japonesa podrían haber registrado una fusión parcial a causa del sobrecalentamiento en ese reactor, el número 2, por un fallo del sistema de refrigeración.
La empresa también confirmó que la fusión pudo producirse en un momento en el que las barras quedaron totalmente expuestas al bajar el nivel del agua que las rodeaba, cuando la bomba que inyectaba el líquido al reactor se detuvo por falta de combustible.
En esa situación, se produjo una situación de sobrecalentamiento que podría haber provacado la fusión. Aunque, según las mismas fuentes, posteriormente, los niveles de agua se recuperaron hasta cubrir 30 centímetros la parte inferior de las barras.
Si se produce una fusión del núcleo, la reacción nuclear dejaría de estar controlada y se liberarían materiales radioactivos dentro de la primera barrera de contención que envuelve el reactor. Si esta primera protección fallara, el escape pasaría al edificio de contención -una estructura de hormigón construida para mantener aislado y protegido el reactor del exterior- y que, mientras permanezca cerrado, evitaría la salida de la contaminación al exterior.
El problema grave podría darse si en algún momento resultara imposible aliviar la presión que podría sufrir la estructura de contención que envuelve el reactor herméticamente. Los expertos deberán, entonces, hallar la forma de ventilar el edificio tratando de evitar fugas grandes.
Explosiones de hidrógeno
Los esfuerzos para controlar los reactores se vieron dificultados por una explosión en el edificio del reactor 3 que dejó 11 heridos, entre ellos siete trabajadores de la central y cuatro militares.
El Gobierno dijo que la explosión, similar a la ocurrida el sábado en el reactor 1, no fue nuclear sino química, causada por una acumulación de hidrógeno.
También aseguró que no dañó al reactor ni provocó una fuga masiva de radiación, ya que los niveles de radiactividad en torno a la central no parecían haberse disparado tras el accidente.
Japón informó este lunes al Organismo Internacional de Energía Atómica de que ha comenzado a inyectar agua marina en el reactor 2 de la planta nuclear para evitar un sobrecalentamiento del núcleo.
"Las autoridades japonesas han informado al OIEA de que el reactor 2 de Fukushima Daiichi ha experimentado un descenso de los niveles del líquido refrigerante en el núcleo del reactor. Las autoridades han comenzado a inyectar agua de mar en el reactor para mantener la refrigeración", ha explicado la organización en un comunicado difundido en Viena.
Los sistemas de refrigeración de tres reactores de la central están averiados y dos explosiones se produjeron en los reactores 1 y 3, pero el blindaje de contención aguantó y evitó así que saliera radiación a la atmósfera.
Unidades de yodo
Ante la alerta nuclear desatada, el director general del Organismo de Energía Atómica, Yukiya Amano, está informando de la emergencia nuclear derivada de los accidentes en varias centrales atómicas en Japón.
Así lo anunció el organismo mediante un comunicado, en el que insistió en que el OIEA está en contacto permanente con las autoridades japonesas para conocer la situación de las cuatro centrales nucleares en la que se han registrado incidentes.
La central nuclear fue dañada por el devastador terremoto y posterior 'tsunami' del pasado viernes en la costa oriental nipona y, para evitar riesgos ante una posible fuga radiactiva, las autoridades han evacuado a 183.000 personas, según el OIEA.
Además, las autoridades niponas han distribuido 230.000 unidades de yodo entre los centros de evacuación, pero todavía no han sido entregadas a los allí desplazados, de acuerdo con la agencia nuclear de la ONU.
Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/14/internacional/1300107495.html
Fuente: